No todas las historias de dar una oportunidad acaban bien. Esta es de las que no.
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ToggleLe dimos la oportunidad. En serio
Le abrimos la puerta a cocina. La misma formación que cualquiera que entra. Las mismas herramientas, el mismo tiempo, el mismo criterio con el que hemos formado a todo el equipo de esa cocina.
Nada de «a ver qué tal se te da» a medio gas.
Lo intentamos de varias maneras. No una vez. No con una sola partida. No con un solo enfoque. Cuando algo no funcionaba, cambiábamos de estrategia y volvíamos a intentarlo.
No fue un trámite. Fue un intento de verdad.
Y aun así, no funcionó
Es una lástima. De verdad creíamos que podía encajar ahí. Y no.
No fue por falta de intento. A veces das todo lo que tienes y el encaje simplemente no llega.
No es un fallo tuyo como jefe. Ni un fallo suyo como persona. Es que ese sitio, con esas exigencias, no era el suyo.
Dar todo no siempre garantiza el resultado.
No es un fracaso
Era una persona querida por todo el equipo. Responsable. Cumplidora. Nada de eso desapareció porque cocina no fuera su sitio.
El error es confundir «no encaja en este puesto» con «no vale». Son cosas completamente distintas. Y mezclarlas es lo que hace que muchos dueños se queden pegados a una mala decisión durante meses, por miedo a admitir que se equivocaron de sitio.
No encajar en un puesto no es no valer.
Lo que hicimos con eso
Le ofrecimos volver a su puesto anterior, en el nuevo restaurante. Aceptó.
Y aceptó algo más difícil que el puesto: que no había encajado. Que la ayudamos, que la formamos como a cualquiera, y que aun así esa parte de la cocina no era para ella.
Lo aceptó sin rencor. Porque supo desde el principio que el intento era real.
Si hubiera sentido que la dejamos sola, la conversación habría sido otra.
Puedes fallar en el intento y conservar la confianza de la persona. Si el intento fue honesto.
Lo que me llevo
Dar una oportunidad de verdad no garantiza que funcione. Da igual si funciona o no. Lo que no falla es que todos entienden qué pasó, y por qué.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si de verdad lo he intentado todo antes de aceptar que alguien no encaja?
Si has cambiado de estrategia más de una vez, le has dado el mismo tiempo y herramientas que a cualquier otra persona, y sigue sin funcionar, ya lo has intentado. Seguir más allá no es paciencia: es evitar una conversación incómoda.
¿Qué hago si no tengo un puesto anterior al que ofrecer volver?
No siempre lo hay, y está bien decirlo con honestidad. Lo que sostiene la relación no es tener un plan B: es haber sido honesto durante todo el intento.
¿Cómo evito que esto dañe la moral del resto del equipo?
Siendo igual de transparente con ellos. Un equipo que ve que alguien recibió una oportunidad real, y que se gestionó con respeto cuando no funcionó, confía más en ti, no menos.
¿Quieres ver el otro lado de esta misma historia, cuando sí funciona? Lee: La alegría de encontrar a quien encaja.
Escribo esto porque lo he vivido en cocina, no porque lo haya leído en un manual. Si te sirve, ya ha merecido la pena.
— Daniel Soto, Tucam



